El Pueblo
El origen del nombre de Los Santos nos remite necesariamente a antecedentes de tipo religioso y alude a un lugar con profusión de santuarios. Además de su Iglesia, bajo la advocación de San Bartolomé, nos encontramos con la ermita del gozo, Santa Ana, restos de San Jorge -donde se veneraba a San Roque- y las ya desaparecidas del Humilladero  y de San Blas.
Incluso, se refiere que, una vez reconquistado este territorio a los musulmanes, hacia los siglos XII y XIII, aparecieron en diversos lugares imágenes de santos que los cristianos habían ocultado a raíz de la invasión.
Y también hay que tener en cuenta que Los Santos fue posesión Templaria.
SERVICIOS

Panadería

Carnicería

2 Supermercados

Venta de productos Ibéricos

Consultorio Médico

Farmacia

2 Cajas de ahorros y Cajero Automático

1 Restaurante,  5 Bares

Mercadillo todos los miércoles

Piscina Municipal, Frontón, Pista polideportiva y Plaza de Toros
ASPECTOS HISTÓRICOS
Con independencia de los asentamientos prehistóricos del Prado Bazán y del Alto de la Calera, Los Santos constituía un núcleo de población ya en época romana, como así parece indicarlo un epitafio catalogado por Hübner y al cual se refiere Gómez-Moreno (M.GÓMEZ-MORENO: Op.cit.; págs. 424-425). Por otra parte, la Calzada de la Plata, antigua ruta de peregrinación (como se verá en su momento), y vía romana, discurre tres kilómetros al este del pueblo de Los Santos. Como curiosidad, diré que, en un corral de esta localidad, hay un fragmento del miliario número CXIV, correspondiente a dicha calzada y que debe de proceder de algún punto próximo a Peromingo.
La ubicación de Los Santos, en una zona especial interés, desde el punto de vista religioso y antropológico, explica el que dicho lugar llegara a ser una posesión templaria, que pasó, posteriormente, a depender de la jurisdicción de Monleón (M.GÓMEZ-MORENO; pág. (el autor cita a Sánchez Cabañas)). El renacimiento del pueblo a partir de la Edad Media se debe al asentamiento, en él, de repobladores, entre los que había gentes del norte de España, según apuntan algunos de los apellidos de larga tradición en Los Santos: Zúñiga, Álvarez... Por otra parte, la antigua presencia morisca se revela a través de topónimos tales como los Morilles (nombre de una calle del pueblo) y los Moritos, junto al cordel de ganados; además de la pervivencia del apellido Morato, que figura en documentos a partir del siglo XVII.
Los Santos era uno de los lugares donde se pagaba el impuesto del portazgo a finales del siglo XIV, época en que poseía propiedades allí el cabildo salmantino, el cual tomó los préstamos de Los Santos en el año 1454, los de Monleón y Endrinal (ARCHIVO CATEDRALICIO DE SALAMANCA: Caj. 14, leg. 2, nº 17.-1º).
Por aquellos años, Los Santos había participado en la Invasión de una serie de tierras concejiles de jurisdicción de la ciudad de Salamanca, lo cual comportó operaciones de quema y desmonte con el fin de cultivar cereal, protagonizadas también por otros núcleos vecinos, entre ellos Monleón y Endrinal, como así se destacará en las correspondientes pesquisas que los reyes mandaron realizar (N.CABRILLANA: op.cit.; pág. 280).
Bajo el reinado de Felipe IV, Los Santos figura ya con categoría de villa. En el año 1631, fue vendida su jurisdicción, señorío y vasallaje a don Francisco Diego López de Zúñiga y Sotomayor, duque de Béjar (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 1 v.).
A raíz de ello, habiendo pretendido la villa su tanteo, se siguió pleito ante don Alfonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor, duque de Béjar, en calidad de curador de la persona y bienes de don Juan Manuel de Zúñiga, marqués de Valero y duque de Béjar, hermano suyo y poseedor de dicha villa. Esta obtuvo sin embargo, la concesión del tanteo, siéndole favorable la resolución correspondiente. Pedro Álvarez y Matías Morato, y vecinos de Los Santos, reunieron entonces 64.567 reales y tres maravedíes de plata doble, más 2.770 maravedíes en moneda de vellón que importaron la mitad de las costas (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 3 v.); cantidad que tuvieron que pagar al duque, haciendo entrega de la misma el día 31 de diciembre del año 1643 a Bartolomé Espínola, conde de Pezuela de las Torres, factor general del Consejo de Guerra y Hacienda de Felipe IV.
El tal Bartolomé extendió la correspondiente carta de pago el 2 de enero de 1644 ante Antonio González, escribano, declarando tener en depósito la consabida cantidad de dinero para emplearla debidamente en su momento. El día 7 de enero del año referido, Matías Morato y Bartolomé de Retuerto, vecinos de la villa de Los Santos, en nombre del Concejo, Justicia, Regimiento y Vecino particulares de ella, y, ante Juan Gómez, escribano, se disponen a ejecutar lo que el rey ha dispuesto: <<...Os mando que luego (que) os sea entregada (la presente), vayáis con vara alta de mi Justicia a la dicha villa de Los Santos y a las demás partes que fuese necesario y despojéis al dicho don Juan Manuel de Zúñiga, marqués de Valero y al dicho duque de Béjar... o a cualquier otro poseedor que a la sazón fuese de la dicha villa...>> (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 4 v.).
Así, pues, se otorgó a la villa de Los Santos potestad para impartir justicia, tras haber retirado de los lugares públicos todas las insignias de su anterior poseedor. Tal potestad comprendía la instalación de horca, picota, cuchillo, cárcel, cepo y pena de azote, así como las demás insignias que se acostumbrada a poner en ciudades y villas. El documento al que me estoy refiriendo es explícito en este sentido y se refiere al año 1644. En el mes de febrero del mismo año, se publica un edicto, el cual fijó a un poste existente junto al portalito, por el que se mandaba retirar las insignias del duque de Valero y se legitimaba la colocación de las de Los Santos. Cerca de la ermita de San Jorge se levantó un horca de tres palos y, en el palo del medio, que atraviesa dicha horca, se clavó un cuchillo, para que sirviera y se reconociera como insignia de jurisdicción propia de la villa de Los Santos, castigando con pena de cien azotes y diez años de galeras a quienes, siendo hombres ordinarios, osaren quitar y derribar tales insignias; mas, en tratándose de nobles, se impondría a cada uno una multa de cien mil maravedíes para la Cámara Real y destierro del reino por cuatro años (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 36 y 37).
De la lectura del citado documento, se desprende que las casas del Ayuntamiento se encontraban junto al Portalito. Por lo demás, este último ya era considerado, en aquella época, como el lugar público y principal de la villa, pero no se ofrecen datos que pudieran arrojar alguna pista sobre la función y origen del mismo. la opinión más generalizada es que debía de servir como <<marco>> del rollo que se levantaría como expresión del poder inquisitorial. Sin embargo, las características del Portalito, con tejado a tres vertientes sostenido por dos columnas de granito y adosado a la pared de una casa en la calle principal del pueblo, sugieren que aquél pudo haber servido más bien de monumento simbólico de sacralización del núcleo del pueblo. Respecto al supuesto rollo inquisitorial, pudiera haberse levantado, quizás, sobre un pedestal de piedra hasta hace unos años y que, actualmente, se encuentra sepultado, en el mismo lugar, bajo un pavimento moderno.
Después de la adquisición de los derechos de propiedad de la villa de Los Santos por parte de sus vecinos, éstos procedieron a amojonar de nuevo los términos de la misma, como antes se dijo, lo cual comportó una reorganización de las formas económicas propias del lugar. La amplitud del término municipal era considerable: una legua de este a oeste y tres cuarto de legua de norte a sus. La naturaleza rocosa del terreno no permitía la puesta en práctica de explotaciones cerealísticas de gran extensión, salvo en algunas áreas al norte del término. El cultivo del lino gozaba ya de gran tradición. Los plantíos de viñas y de castaños regoldanos, constituían, por otra parte, ya en el siglo XVIII, uno de los recursos naturales aprovechados por los habitantes de Los Santos. Así en el año 1752, había cuatro mil ochocientas parras, de las que se cosechaban, en total, alrededor de setenta y cuatro arrobas de uva; había, además, sesenta pies de castaños regoldanos de primera calidad, de cada uno de los cuales se recogían quince fanegas de castañas, más varios castaños de injerto, de primera, segunda y tercera calidad, que producían veinte, quince y diez fanegas de castañas, respectivamente (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg.509, fol. 42 Archivo General de Simancas). Uno de los plantíos de castaños regoldanos existentes por aquel entonces en Los Santos, había surgido recientemente, a raíz de las disposiciones citadas por el rey Carlos III en materia de repoblación forestal, por lo cual se comprende que no diese fruto todavía (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg.509, fol. 30 Archivo General de Simancas).
De toda la producción. los vecinos de Los Santos pagaban diezmos y primicias al Colegio de PP. Jerónimos de la Orden de San Jerónimo de Guadalupe de la ciudad de Salamanca.
La población de Los Santos, que había llegado a sumar doscientos ochenta vecinos en el año 1534 (T. GONZÁLEZ: Censo de población de la provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Madrid, 1829; pág. 99), disminuyó considerablemente en el año 1752, fecha en que contaba sólo con ciento uno (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas generales. Leg. 509 fol.51. Archivo General de Simancas). alcanzando más tarde, en el año 1849, los ciento sesenta y ocho (P. MADOZ: Diccionario...; pág.853). Según el censo del año 1981,  la población de Los Santos era de 854 habitantes (INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA: Censo de la Población de España de 1981, Madrid 1984).